Hace algún tiempo vi un libro llamado "De lector a
escritor", de la autora Sofía Segovia. Conozco su trabajo y sé que es muy
buena, aunque aún no he leído nada suyo. Cuando vi ese título, me llamó
poderosamente la atención. Toda mi vida me he considerado un lector asiduo,
pero esa idea implícita —"pasa de ser lector y comienza a escribir"—
me hizo imaginar una posibilidad.
Lo anoté en mi lista de deseos y ahí se quedó un tiempo. En diciembre, durante la FIL, lo vi en un stand, pero ya llevaba varios libros conmigo y pensé: puede esperar. En enero, cuando Sara me preguntó qué quería para el 14 de febrero, le mencioné ese libro, y desde entonces forma parte de mi colección.
En marzo, se instalaron unos puestos de libros en la plaza
principal y, entre tantos, encontré Cartas a un joven novelista, de Mario
Vargas Llosa. No lo tenía planeado, pero lo compré de inmediato.
En mi adolescencia escribí algunas poesías y, cada año,
escribo calaveritas. El año pasado también asistí a un taller literario. Así
que, desde hace meses, la idea de escribir algo ha rondado mi cabeza.
La tercera señal llegó en abril: un amigo que ha publicado
libros me pidió apoyo para revisar el manuscrito de su nueva obra. Tener acceso
a las “tripas” de un libro y poder sugerir mejoras me pareció una oportunidad
única.
No sé si algún día seré escritor. No sé si todo esto va por
ahí. Pero creo que las señales han aparecido por algo. Por lo pronto, esta
semana empecé a hacer ejercicios de escritura y ahí voy, poco a poco.
Si un día escribo algo, ya saben: cómprenmelo. Y si me lo
piden de compas, capaz y hasta se los firmo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario